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Palabras imprudentes


Leer: 1 Pedro 2:13-25
 | La Biblia en un año: Isaías 30–31
Filipenses 4

… cuando le maldecían, no respondía con maldición… (v. 23).

Hacía casi media hora que conducía, cuando, de pronto, mi hija empezó a llorar desde el asiento trasero. Cuando le pregunté qué le pasaba, dijo que su hermano le había pellizcado el brazo. Entonces, él se defendió reclamando que lo había hecho porque ella lo había pinchado. Ella, a continuación, explicó que lo había pinchado porque él le había dicho algo hiriente.

Lamentablemente, este comportamiento, habitual entre los niños, también puede aparecer en los adultos. Una persona ofende a otra, y el ofendido reacciona con una explosión verbal. El ofensor, a su vez, contraataca con otro insulto. Poco después, la relación queda dañada por el enojo y las palabras crueles.

La Biblia enseña que «hay gente cuyas palabras son 
puñaladas», pero que «la blanda respuesta quita la ira» (Proverbios 12:18 RVC; 15:1). Además, en ciertas ocasiones, la mejor manera de actuar ante comentarios feos o crueles es callarse.

Antes de la crucifixión de Jesús, las autoridades religiosas intentaron provocarlo con sus palabras (Mateo 27:41-43). Sin embargo, Él «cuando le maldecían, no respondía con maldición […], sino encomendaba la causa al que juzga justamente (1 Pedro 2:23).

El ejemplo de Jesús nos enseña cómo responder a quienes nos ofenden, y el Espíritu nos ayuda a hacerlo.

Señor, ayúdame a controlar mis palabras.

A menudo, una respuesta suave quebranta un corazón duro.
 

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